jueves, 19 de mayo de 2011

Proyecto HidroAysen: Necesidad de participación ciudadana

Muchas personas en Chile se preguntan y cuestionan si este proyecto es necesario. Desde la perspectiva de un ciudadano interesado en su país, en el desarrollo de su gente (lo que requiere y requerirá de energía) y en lo que dejaremos a nuestros hijos y nietos (lo que requiere ser cuidadosos con el medioambiente), la preguntita está dando vueltas en cabezas, cafés, mesas y bares. Y francamente, le respuesta está bien difícil de dar con seguridad, hasta un personaje arquetípico de la asertividad como el ex presidente Lagos se enredó.


Desde mi punto de vista a la base de esta dificultad, y que ha generado el despelote de la discusión energética con todo tipo de proyectos desagradables para la gente que aparecen como callampas, está la falta de una política energética en Chile la que pienso no existe por dos razones: 1) un modelo en exceso liberal que deja decisiones fundamentales al arbitrio de los actores del mercado; 2) la planificación no es uno de los aspectos que caractericen nuestro acervo cultural, somos cortoplacistas en esencia.
La energía es de los aspectos más estratégicos para el desenvolvimiento de las actividades y el desarrollo de un país y de su gente. En los países en donde no es el mercado el que todo lo define, el Estado se encarga de:

-        Definir la composición a largo plazo de la matriz energética, incluyendo el porcentaje de ERNC, las políticas de uso eficiente de energía y los incentivos necesarios para ello,
-        Definir la ubicación de los proyectos por tipo de fuente de energía,
-        Definir el proceso mediante el cual se asigna la ejecución de los proyectos, con actores públicos y privados.

Todo esto requiere de una planificación de la cual hemos carecido como país y las respuestas al desafío energético han sido reacciones a crisis de abastecimiento, no como planes de inversión producto de un proceso de análisis estratégico.

Una estrategia país, que defina la visión de lo que queremos ser y los objetivos y planes para lograrlo, requiere como uno de sus puntos centrales la definición de la matriz energética deseable y factible. Y la función objetivo para tomar decisiones en este ámbito no pueden ser sólo la rentabilidad privada individual de cada proyecto, sino que la rentabilidad social y ambiental para el conjunto de ciudadanos actuales y los que vendrán. Eso es lo que a mi me parece debería ser la razón de ser del Estado. Y eso no es que ocurra en países “comunistas”  o que no den espacio para el emprendimiento privado, ocurre en el tipo de países a los que Chile intenta emular en su desarrollo (OCDE).


A diferencia de lo anterior, en nuestro país esta definición estratégica ha sido entregada a los actores que velan por sus intereses particulares, solos y a su arbitrio, tomado decisiones sobre qué proyectos energéticos hacer y dónde ubicarlos. Por su parte, la autoridad, contemplativamente, sólo ha analizado si éstos se deben aprobar o no de acuerdo a una débil legislación ambiental. Esto es impresentable y la ley se hizo en democracia, no es de las herencias aquellas!!! (LEY Nº 19.300 LEY DE BASES DEL MEDIO AMBIENTE promulgada el 1 de marzo de 1994). De acuerdo con esa lógica híper liberal, ¿por qué no se deja a la iniciativa privada las decisiones de qué caminos construir o qué aviones, tanques y buques requiere nuestra defensa? No se hace así debido a que hay temas estratégicos que deben ser definidos por el Estado, uno de ellos es la energía.

Además de tomar mejores decisiones, otro importante efecto positivo de la planificación (en todo orden de cosas, no sólo en este tema) es que hace posible que la ciudadanía, a través de sus representantes y todos los interesados, tengan espacios de participación real, generando espacios para construir confianza y sentido de pertenencia en lo que se planifica. Al revés,  un efecto nefasto de que aparezcan proyectos energéticos sin planificación es una ciudadanía desinformada, sin participación, que siente sorprendida y desconfiada. Tal como en este caso, en el que ni siquiera sabemos si es cierto que el proyecto es necesario.


La gente tiene claro que en algún momento más energía será necesaria; sin embargo, ninguna autoridad muestra estudios serios que tengan bases sólidas y conocidas por todos los actores interesados en el tema, partiendo por la gente que es a la que supuestamente beneficiarán estos proyectos.  La percepción mayoritaria de las personas con la uno conversa es que en este caso particular se trata de intervenir y modificar un lugar casi mítico (la mayoría de los chilenos jamás han  pisado la Patagonia pero igual todos
sentimos que es nuestra reserva sureña de naturaleza, de aire y de agua), instalando unas represas feas, que cambiarán el paisaje prístino y que incluye una línea de trasmisión de más 2300 KM que pasará con sus monstruosas torres por todo el sur para que los Santiaguinos gastemos más luz y los dueños del proyecto se llenen de lucas.

Súmese además las sospechas respecto de las presiones sobre quienes debieron decidir (funcionarios de menor nivel) y que pudieron haber ejercido sus jefes u otros actores que defienden intereses privados, propiciado por una ley que está mal hecha. Existen historias sobre esto, basta recordar por ejemplo la aprobación en la región del Bio - Bio  de PANGUE y RALCO,  lo que demuestra que este tema es y ha sido políticamente transversal. Se agrega en este caso el apoyo vertical desde palacio, que incluye a quien es el jefe de quienes deberán analizar la apelación al proyecto (ministros). Más impresentable, más desconfianza y más enojo de la gente!!

A propósito de contar con antecedentes que informen a la ciudadanía, el único estudio actualizado que ha caído frente a mis ojos y que me llegó por las redes sociales, es el estudio del profesor Roberto Román de la Faculta de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y Stephen Hall de Energías Renovables Ltda. (http://ingenieria.uchile.cl/files/estudio_roman.pdf), el que no ha sido desmentido por nadie, entrega los siguientes elementos:

  1. Que los crecimientos del PIB de Chile y el del consumo de energía eléctrica se están desacoplando a partir del año 2000 (el PIB crece más rápido que el consumo eléctrico), al igual como ocurrió en el mundo desarrollado a partir de los años 70, debido a cambios hacia una economía de servicios y mejoras tecnológicas.
  2. Qué hasta un 35% del crecimiento del consumo del SIC al 2025 podrían provenir del uso de ERNC (20%) y de EE (15% de eficiencia energética, lo que es ahorro neto y no aumento).
  3. Que estos dos factores sumandos (menor crecimiento de la demanda eléctrica y ERNC + EE), concluye que no sería cierta aquella “verdad” - que nos tratan de vender todos los días - de que se debe duplicar la capacidad de generación eléctrica cada 10 años.
  4. Que tanto en el escenario planteado por el Ministerio de Energía de un crecimiento de la demanda eléctrica a un tasa anual de 5,8%, como en el escenario planteado por Román y Hall de EE + ERNC + mejoras tecnológicas a una tasa anual de 4,5%, no se requeriría HidroAysen!!!
  5. Que la sobreinversión en centrales, en lugar de disminución de tarifas, traería aumento en las cuentas eléctricas debido a la necesidad de pagar los proyectos.

Es decir, un destacado académico de la principal Universidad del país pone en cuestión la necesidad de un proyecto sin el cual nos amenazan con quedar sin energía eléctrica y, hasta ahora, nadie es capaz de rebatirlo!!


Frente a este panorama resulta del todo justificable que nos sigamos preguntando ¿es necesario el proyecto HidroAysen? Partamos por exigir el desarrollo participativo de una política energética para todos los chilenos.