domingo, 1 de abril de 2012

Indignados y crisis de representación



 
¿Por qué la gente anda indignada por la vida en todas partes? No es sólo en España, por la cesantía intolerable; o el movimiento estudiantil y los enojos regionales en Chile; o la primavera Árabe; o el movimiento Occupy en Estados Unidos. Esto ocurre hoy en todas partes! De algunos países sabemos menos debido al control que aplican sobre las redes y no sabemos cuánto tiempo lograrán ejercer ese control. Lo concreto es que la indignación está globalizada.

¿Será que la gente se cansó de ver cómo se calienta y contamina el planeta? ¿Serán los cambios en la matriz productiva de los países y sus terribles costos sociales, también producto de la globalización? ¿O será que estamos aburridos de la especulación financiera? ¿De la falta de libertad y la opresión en algunos países? ¿O de que nos pidan el voto cada tanto para que los mismos sigan apernados al poder? ¿Será, como piensan varios, que el mundo está cada día peor?

Pienso que de todo eso estamos aburridos, que todas estas cosas nos indignan. Además, somos cada día más los que andamos buscando nuevas respuestas ya que los modelitos de desarrollo de la modernidad sólo se han estado preocupando de lo material, quedando el ser humano traducido a estadísticas y sin obtener respuestas a nuestras preocupaciones, dolores e intereses más profundos y espirituales.

Por otra parte, me parece que razones para indignarse han existido siempre en la historia. Incluso creo (optimistamente dirán algunos) que hoy existe mayor libertad para expresarlo dado que comparativamente existen avances democráticos, mayor acceso a la información y a la educación. Mirado en perspectiva histórica pareciera que, por el lado del progreso material y de ciertas libertades, nuestro mundo hubiera progresado.

Entonces, ¿es un tiempo para estar más enojados e indignados que nunca? No sé, pienso que siempre han existido muy buenas razones para la indignación y, de hecho,  la historia está plagada de episodios con distintos grados de violencia ¿Qué pasa hoy con estos estallidos simultáneos de protesta en tantos lugares con problemas aparentemente disímiles? Me parece que por primera vez existen los medios tecnológicos para que muchos (pronto quizás todos) podamos comunicarnos, coordinarnos, en definitiva participar e intentar tomar acción con respecto a aquellas cosas que nos afectan y que no nos son satisfactorias. Ocurre que la convergencia entre Internet y la movilidad permite que en tiempos muy breves nos comuniquemos y nos coordinemos en pos de un objetivo, saltándonos el antiguo control central  de la información y comunicación, así como de la definición de pautas de los medios tradicionales. Por ejemplo, en los años 80 la tecnología usada para coordinar acciones de protesta en Chile era la impresión de panfletos, el rayado de murallas y la comunicación de verbal uno a uno. Eso mismo hoy se hace a través de redes sociales, mensajes de texto, chateo, etc., a una velocidad incomparable y con participación, ya que la comunicación va de ida y vuelta.




Las capacidades tecnológicas de las redes permiten que ocurra lo mismo que en una pequeña aldea en donde la comunicación y coordinación están al alcance de la voz. En la aldea las decisiones se toman con bastante transparencia y quienes lo hacen deben estar rindiendo permanentemente cuentas a sus vecinos de sus actos. Como anticipara hace ya rato el canadiense Mc Luhan, hoy vivimos en una aldea global.


Por otra parte, los sistemas político, económico, cultural y religioso, están diseñados para ser gestionados de manera centralizada y vicaria, a través de representantes empoderados por medio de distintos procedimientos. Y se produce una gran incoherencia entre las nuevas capacidades tecnológicas para la coordinación y la participación al alcance de la gente y estos viejos diseños de los sistemas que rigen nuestra convivencia. Pienso que la fuerza y la simultaneidad  de la indignación se explica en esta incoherencia, haciendo que la gente se coordine en acciones de movilización, protesta e incluso violencia revolucionaria, como hemos visto en los países árabes y seguramente seguiremos viendo en los países con escasos o nulos espacios de participación. 

Así entiendo la crisis de representación que hoy se manifiesta con tanta nitidez.

En aquellas sociedades con algún nivel de desarrollo democrático se pueden vislumbrar desafíos gigantes para quienes vicariamente detentan la conducción política, económica, cultural o religiosa, desafíos que les pondrá cada día con más fuerza la gente coordinada que está exigiendo respuestas y soluciones a sus demandas y que cuenta para la negociación con un poder nuevo: capacidad de coordinar acciones aquí y ahora, en tiempo real.



Desafío número 1: rediseñar los sistemas de representación y de participación ciudadana basados en la distribución de poder real para la toma de decisiones que les afecten directamente. Pero claro, sería muy ingenuo pensar que este proceso será fácil y breve ya que quienes detentan el poder hasta hoy no están ni estarán dispuestos entregarlo. Eso garantiza que la movilización y la protesta seguirán. Ingenuo es también pensar que la red es un espacio libre y sin control; la red ya es un espacio de política en el que se dan las nuevas luchas por el poder, incluido su propio control.